domingo, 27 de marzo de 2011
up in my lonely room
Hace poco alguien me dijo que escribía muy triste. No lo sé. Puede ser. Seguro. El principal problema es que no soy capaz de escribir cuando estoy contento. Es así de fácil. En los únicos momentos que me siento realmente inspirado para escribir algo es en los que estoy más jodido. Los únicos momentos en los que escribo es cuando estoy solo en el coche o me da por fumarme un cigarrillo en mi habitación. Solo escribo cuando se me ocurre algo realmente importante como para dar vueltas sobre el tema. Solo escribo cuando veo algo en alguien que me revuelve el estómago o cuando me encuentro más perdido de lo habitual. Lo que pasa es que llevo toda la vida tratando de escribir algo. Algo que trate de nada y todo a la vez. Las mismas pretensiones de todos los escritores frustrados y noveles que tiene como referencia a un Holden Caulfield o a un Henry Chinaski. Que todos nos creemos grandes mentes incomprendidas en un mundo de hipócritas....bla bla bla. Incluso ahora mismo no consigo desconectar del todo.
Hoy he hecho un viaje en autobus. Me he pasado todo el viaje pendiente la chica que se sentaba a mi derecha. Tratando de mantener una pose. Imaginándome frases y posibles conversaciones que podríamos tener. Que además de guapa es inteligente y que le gusta hablar en el porche hasta las 3 de la mañana fumando un piti tras otro y hacer todo ese tipo de tonterías que me parecen profundas, muy bohemias. Que es un flechazo y que tiene todo lo que busco en una jovencita. Así 45 minutos. Al llegar a la estación me he bajado y no he hecho nada. Seguro que no era mi chica.
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